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Descripción

“Es necesario estar en desacuerdo con él [Shaw] tanto como yo para poder admirarlo tanto como yo”.
--G. K. Chesterton

Este libro es una traducción de la primera edición de
Do we agree? (“¿Estamos de acuerdo?”), publicado en 1928 por el celebre editor inglés, Cecil Palmer, quien se caracterizó por su espíritu innovador y visionario. Durante las primeras décadas del siglo pasado, en el vibrante ambiente intelectual británico, su editora, Cecil Palmer Publishing, atrajo a las principales figuras literarias de la época. Esta pequeña exitosa obra de su producción es una muestra de ello.

Nada menos que
G. K. Chesterton, Bernard Shaw y Hilaire Belloc, amigos personales de Palmer, son los autores y protagonistas de esta trama filosófico-literaria. El texto en sí, como el propio Palmer lo menciona, es una transcripción “poco menos que palabra por palabra” del debate público celebrado entre Chesterton y Shaw, con Belloc como presidente, en octubre de 1927 en el Kingsway Hall de Londres. El evento fue organizado por la Liga Distributista, fundada por Chesterton y Belloc, y fue transmitido en vivo por la BBC.

Con buen humor, ingenio y una claridad de conceptos sin igual, Chesterton y Shaw, dos máximas figuras de la literatura del siglo XX, argumentan sobre las preguntas medulares que dividen las aguas entre capitalistas y socialistas: ¿cuál es la solución a las desigualdades sociales?; ¿quién debe ser el propietario de los medios de producción?; y ¿cómo se debe distribuir los ingresos (y su acumulación, que es el capital)? De manera sencilla y entretenida, aportan sus geniales respuestas que son pequeñas cátedras socioeconómicas.

Shaw, socialista desde su juventud, miembro fundador de la conocida Sociedad Fabiana junto a Sidney y Beatrice Webb, señala las evidentes calamidades sociales resultado de las desigualdades económicas que el desarrollo industrial capitalista habría generado en Europa ―y, puntualmente, en Inglaterra―. Argumenta a favor de la nacionalización de los medios de producción y por la intervención estatal en la distribución de la riqueza.

Chesterton, por su parte, confiesa haber sido socialista en su juventud, pero luego de “volverse viejo y experimentado, y familiarizado con los hechos elementales de la vida humana” logra comprender que aquel sistema es ideal, utópico, y, en última instancia, defectuoso puesto que propone cambiar los pecadores, pero no eliminar los pecados. Chesterton condena las mismas “abominables” desigualdades sociales que señala Shaw, pero desconfía de una solución que proponga transferir la concentración de capital del “propietario capitalista” al “oficial estatal”.

Por el contrario, Chesterton propone “comenzar por el otro extremo”, abogar por la distribución de la propiedad (poder económico) entre los individuos, proponiendo incluso descentralizar (distribuir) la organización gubernamental (poder político) en las diversas comunidades de cada localidad. De esto, básicamente, se trata la postura distributista, esa “tercera vía” que él famosamente ha inaugurado y promovido.

La presente edición sobre el texto original de 1928 está debidamente comentada para acercar las referencias y ejemplos, familiares a la audiencia inglesa de aquellos años, al lector iberoamericano de nuestros días. Hemos omitido además la puntuación de diálogo y dividimos el contenido siguiendo la estructura original del debate: una sucesión de breves exposiciones, cada una de ellas valiosa en sí misma, pero que tomadas en conjunto dejan ver con claridad las posiciones planteadas. El volumen incluye también biografías sobre los autores y a un breve ensayo introductorio sobre el “distributismo” que propuso Chesterton y Belloc.

Esta pequeña gran obra, ya convertida en clásico, es hoy más relevante que nunca: una lectura indispensable para poner en perspectiva las discusiones políticas, cada vez más radicalizadas, de nuestro tiempo.